
Tengo que admitirlo, si fuera en función de los nombres que nos hemos, y nos han, dotado a los baskos ganaríamos la medalla de oro de los Juegos Olímpicos en la modalidad de nombres dados a un país. Ahora sale a relucir, nuevamente, “Nabarra Marítima” tal y como lo hizo la primera valoración de los resultados de los comicios europeos Arnaldo Otegi desde Pamplona.
No cuestiono el concepto, sin duda tiene sentido histórico y Nabarra tuvo salida al mar, pero me incomoda que los políticos no le den mayor importancia al uso preciso del nombre país y sus partes. “Nabarra Marítima” es una acepción que en situación normal no pasaría del guiño a su electorado y a otros muchos que simpatizan con la idea de una mayor coordinación entre territorios baskonabarros, pero en casos como el nuestro, donde en cuestión del nombre se transita por una coyuntura tan dispar, no darle mayor importancia a algo básico como es el nombre país y el de cada una de sus partes, parece algo frívolo.
Otegi explicó así de qué va la «Nabarra Marítima» al enviar «un mensaje desde Iruña a toda Euskal Herria. Que nos oigan bien!, a la «Nabarra Marítima», a Gipuzkoa, Bizkaia y Araba, somos la primera fuerza política». Es decir, para él, la «Nabarra Marítima» es la actualmente llamada Comunidad Autónoma del País Basko.
Se olvida por ejemplo de que, para algunos autores, la Nabarra Marítima se extiende desde Castro hasta Baiona, y que del Bidasoa hacia el norte ganó precisamente una fuerza de otro talante político muy distinto, de extrema derecha.
Allá por 1953, el gran Manuel de Irujo ya escribió un documento sobre la Nabarra Marítima, según ha hecho saber con muy buen tino Josean Beloqui en la red X, en el que relata la fundación de San Sebastián por el rey nabarro Sancho VI El Sabio y de que los barcos con pabellón nabarro operaban en el puerto de Bayona.

Orella Unzué en su libro “Reyes de Navarra. Sancho Garcés III El Mayor (1004-1035)” escribe sobre este rey “… había ayudado a Sancho Guillermo (su tío) en su lucha contra los condes de Tolouse por la recuperación de Cominges y Couseraus. En compensación Sancho el Mayor había recibido el dominio sobre el vizcondado hereditario de Labourd y la autoridad de Pamplona se extendía hasta el sur del Garona incluyendo Baiona”.
En 1998, Tomás Urzainqui y Juan Mª de Olaizola escribieron el libro titulado precisamente “La Navarra marítima” con un enfoque histórico, abundando en el concepto recogido en el título, fijándose principalmente en la costa occidental, aunque también apuntan hacia el puerto de Bayona. El libro editado por Pamiela tuvo una gran acogida y logró en poco tiempo, al menos, tres ediciones.
Iñigo Ruiz Arzalluz cita al erudito y diplomático inglés Roger de Howden, 1201, quien afirma que “…el puerto llamado «Huarz», que separa la tierra del conde de Bayona de la tierra del rey de Navarra. Y la tierra del rey de Navarra empieza en el puerto de «Huarz» y se extiende hasta el agua llamada Castro, que separa la tierra del rey de Navarra de la tierra del rey de Castilla. Y la tierra del rey de Castilla empieza en el agua de Castro …”, este autor considera que Huarz se en encontraba en el entorno del Bidasoa (otros autores estiman que se trata de Oiartzun) y afirma que el Reino de Nabarra se extendía hacia el occidente de ese puerto.
Estas versiones, en cierto modo divergentes, llevan a una controversia, algunos consideran que toda la costa baska perteneció a Nabarra, mientras que otros solamente del Bidasoa hasta Castro o, quizás menos, desde Orio a Fuenterrabía. Es un nombre que arrastra cierta discusión histórica y que, en el caso que nos ocupa ha sido utilizado de forma más restrictiva de lo que Irujo y Orella Unzué han considerado.
Si se analizan los puntos fuertes y débiles de este nombre pueden realizarse, al menos, estas consideraciones. Como punto fuerte apuntar que explica correctamente que había una Nabarra que llegaba hasta una parte del litoral del Golfo de Bizkaia-Gascogne.
Como puntos débiles cabe anotar que, no hay unanimidad sobre la extensión de esa Nabarra Marítima, si se refiere solamente la Comunidad Autónoma Baska se olvida de que hay un Pays Baske que tiene una preciosa costa, que aumenta el elenco de nombres dados al país y sus partes, que si Lapurdi es Nabarra Marítima no explica cómo integra la Nabarra Baja y Zuberoa, que olvida que en cerca de 700 años no ha existido una Nabarra Marítima y, quizás lo más importante, que no incorpora el concepto de lo basko (no pretendo decir que es contrapuesto a nabarro, sino me ciño al concepto; los autores del libro “La Navarra Marítima” explican la razón por la que todo nabarro es basko), algo común asimilado todos los territorios de este espacio.
Como se observa, los puntos débiles son sustancialmente más numerosos y contundentes que los fuertes. Tampoco parece que el nombre abra muchas oportunidades de desarrollo futuro.
Todo político busca una retórica brillante y necesita hacer guiños de este tipo en sus discursos, para agradar principalmente a su parroquia y aledaños. Pero en una situación como la baska, la nabarra o la baskonabarra, el aporte periódico de nuevos conceptos para el denominativo ayuda poco a que, en algún momento, se pueda construir una arquitectura completa y ordenada del nombre del país y sus partes.