
Es un básico de la teoría del naming: los acrónimos no funcionan como elementos memorizadores. O, al menos, no funcionan cuando se pretende que actúen como nombre pleno, identificador y significativo. A esta idea me remito al analizar la decisión de la EHU de formalizar su denominación institucional precisamente en forma de acrónimo, cuestión que ya desarrollé en su día.
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