La revista Hermes y el nombre del País

La Fundación Sabino Arana edita la revista Hermes, de pensamiento político aplicado al país de los vascos, que suelo leer con atención, ya que incluye en general artículos y reflexiones de interés que aportan puntos de vista bien argumentados. Esta vez, como han tocado el punto del denominativo, me propongo realizar algunos comentarios sobre el texto publicado, ya que, en mi opinión, merece cierta revisión.

En el ejemplar en cuestión, que hace el número 66 y se publica en conmemoración del 125 Aniversario de la fundación del PNV, han tratado tres grandes temas, 1. Identidad: las vascas y vascos del siglo XXI, 2. Economía: Euskadi 2045, claves para mantener y mejorar nuestra competitividad con el fin de grantizar el Bienestar social y 3. Cohesión Social: Cohesión social para el futuro de Euskadi.

Según comenta Andoni Ortúzar en la presentación de la revista, para el desarrollo de su contenido han trabajado en red 30 personas, ninguna de ellas afiliadas a EAJ-PNV “pero todas ellas firmemente comprometidas con esta Nación”, que han elaborado un texto que se presenta exprofeso sin la firma de los autores para respetar su libertad. Una iniciativa encomiable, sin duda.

Entre los temas analizados en el capítulo de la identidad se aborda el de los símbolos, entre los que se encuentra el nombre. Es el punto 97 el que analiza el denominativo. Voy a tratar de desgranar la tesis que propone en las siguientes consideraciones.

  • 1. Es un texto que parte de una idea apriorística: el nombre es Euskal Herria. Antepone su opción a un análisis riguroso y plantea una tesis que no logra demostrar, de hecho termina aflorando la dificultad para desarrollarla. Escribe “mi opinión es que el término Euskal Herria se acabará imponiendo por ser más del gusto de la juventud”, para luego pasar a enmendar su afirmación con “aunque la juventud, como ya empezamos a conocer, ni es un término homogéneo (podemos hablar de juventudes distintas entre sí de una misma generación), ni es recto-lineal (en cada momento histórico se comporta de manera distinta)”.  A lo que hay que añadir, digo yo, que la juventud no vive en una realidad linguística homogénea.
  • 2. Afirma también que  “El uso de de una denominación según idioma (País Vasco-Pays Basque) (Euskadi-Euskal Herria) se hace tan inevitable como inevitable será la que finalmente se consolide dependiendo de la extensión que alcance el conocimiento y uso del euskera entre los ciudadanos y la relevancia o no de la instucional (Euskadi) sobre el habla social (Euskal Herria)”. Por tanto, parece que considera correcto llegar a único denominativo, mientras que previamente se ha conformado con cuatro nombres diferentes. “Así que País Vasco-Euskadi-Euskal Herria-Pays Basque, cuatro denominaciones oficiales para un mismo pueblo que convivirán, estimo, durante mucho tiempo”. Me pregunto, ¿por qué acepta las cuatro denominaciones que cita, si su objetivo es llegar a un único nombre? o es que más bien ¿desea que el único nombre sea Euskal Herria, y como lo ve lejano, se conforma con las cuatro acepciones?
  • 3. En el incio de su tesis escribe  “Si nos atenemos al uso diario el asunto está bastante claro. En castellano y en francés País Vasco-Pays Basque. En euskara Euskal Herria. El término Euskadi ha caído en cierto desuso social y se ve paulatinamente reducido a la vida institucional”. Estoy de acuerdo en parte, creo que es real que el término Euskadi está perdiendo fuerza social, pero hay que añadir que su uso real, el uso institucional de este nombre, se circunscribe a la actual CAV y no a todo el país de los vascos. Por lo que tampoco analiza el juego del nombre a la hora de denominar los diferentes espacios territoriales, pasa por alto el nombre que él daría a cada uno de los tres ámbitos administrativos en que está dividido el País. Deja a un lado también su comportamiento en las otras lenguas que, no olvidemos, todas (sic) nos denominan con variaciones de basko, como él mismo asevera.
  • 4. Para lo que prosigue “Quienes nos mencionan desde el extranjero se refieren a nosotros como Basque Country, Baskenland, Paesi Baschi, etc. Es decir, una misma raíz: País Vasco o País de los Vascos.” Si bien el sustantivo lo adecúan a su lengua con ligeras variaciones de basko: vasco, baschi, basque, etc, el adjetivo “país” varía completamente en función de la lengua utilizada. Como resultado un nombre mutante, según el idioma. Lo que no ayuda al identificativo de un país tan pequeño como el nuestro. Para profundizar en este tema puede leerse el artículo Top lenguages y el nombre del país de los vascos.
  • 5. Compara también nuestro país con otros que cambian su nombre en función del idioma, pero antes se pregunta “¿puede la pluralidad de nombres diluir la identidad de un pueblo?” llevamos unos cuantos siglos con más de 50 denominaciones y aquí seguimos, no se trata de diluir, sino de potenciar y fortalecer nuestra reputación. Para realizar la comparación se atreve a proponer como ejemplo ni más ni menos Estados Unidos o Gran Bretaña, igualicos en tamaño, habitantes, fuerza económica, mediática o intelectual que nuestro país. Pero además se atreve a traer a colación a Macedonia del Norte país al que han forzado a añadir el adjetivo Norte para su reconocimiento internacional pleno, ¿me puede decir qué cambia en el nombre Macedonia? pues ya se lo digo, prácticamente nada, porque el adjetivo es de posición geográfica, no intrínseco al nombre, como es el caso del adjetivo País en el nombre País Vasco. Nombre este nuestro que, por cierto, es la aplicación y/o traducción de un galicismo que no tiene más de tres siglos.

Creo que a este tema del denominativo se le debe exigir una mayor profundización, menos ideología y más rigor en su análisis. El texto no aporta nada de la tradición histórica de cada nombre utilizado, nada de amoldarse a la época digital, nada de la invasión del nombre entre administraciones, nada de coordinación del nombre con el gentilicio y/o el idioma, nada sobre la penalización de escribir el nombre con dos palabras, nada de nominar a cada espacio administrativo con personalidad, nada de la aceptación de los nombres en cada uno de los territorios, nada de cómo nos condiciona el denominativo en las lenguas dominantes, nada sobre su comportamiento en el extranjero, nada sobre los acrónimos, nada sobre los dígitos para los ISO, nada de ponderación de las diferentes variables a tener en cuenta para el éxito del nombre.

Sugiero a los responsables de Hermes que apliquen al denominativo el último párrafo del siguiente punto, el 98, que trata de tradiciones y viene a decir “La tradición es el patrimonio inmaterial que amorosamente pasamos de generación en generación. Ha de fluir como el agua, sin estancarse, amoldándose a las orografías cambiantes, en el tiempo, su sino es la creación y actualización continua o morir”. Si es así, al menos abriríamos una ventana a la esperanza para que, de una vez, el agua fluya por un hermoso cauce con el tema del denominativo bien solucionado.

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