Euskal Herria, a los que lo queréis como único nombre

Este texto va dirigido a todos quienes amáis Euskal Herria, a todos los que amamos la tierra de los baskos, pero sobre todo a quienes estáis convencidos de que hay que imponer el nombre Euskal Herria por encima de cualquier otro al referirse a nuestra tierra. Si os animáis a leerlo, voy a tratar de exponeros sus argumentos a favor y en contra, para que lo repenséis con calma. Sé que hoy la mayoría os sentís cómodos con Euskal Herria y que este texto rema contracorriente; precisamente por eso quiero que los argumentos que siguen sean sólidos, y no una simple opinión más.

Es verdad que, para quienes hemos recibido el euskara en el seno familiar, la palabra Euskal Herria ha sido de uso coloquial y habitual, empleada para nombrar el país de los baskos en general, con mucho cariño, sin los matices de las estructuras político-institucionales actuales. Al estilo de Axular, que en el siglo XVII ya empleaba la expresión para referirse al espacio en el que se hablaba basko, enumerando Nabarra Garaia, Nabarra Behera, Zuberoa, Lapurdi, Bizkaia, Gipuzkoa, Araba y otros lugares.

Sin embargo, quienes defendéis Euskal Herria para imponer ese nombre tanto en euskara como en castellano, sin ser igual de taxativos en francés, alemán, inglés o chino, es decir, en cualquiera de las lenguas con fuerza económica o con una base literaria y demográfica relevante. Para esas lenguas empleáis con total naturalidad Pays Basque, Baskenland o Basque Country, por ejemplo.

Y aquí surge mi primera pregunta: ¿por qué estáis dispuestos a aceptar variantes de la palabra Baske, Basque o Vasco en esos idiomas, y no la palabra Euskal o Eusko, que serían las que corresponderían en coherencia con Euskal Herria? Simplemente porque no hay concordancia. Tampoco comprendo el empeño de algunas personas en imponer en castellano precisamente la palabra Euskal Herria, buscando empatizar con quienes así lo hacen, cuando en realidad lo único que consiguen es diluir su fuerza como topónimo aglutinante del país de los baskos en la era digital, donde competir con un nombre distinto en cada idioma resta visibilidad y coherencia al conjunto.

Me gustaría recordaros, o presentaros si no las conocíais, algunas cuestiones históricas y lingüísticas que quizás os ayuden a aclarar el concepto.

Los datos

  1. El testimonio más antiguo sobre los baskos como pueblo diferenciado se remonta ya al siglo II antes de nuestra era, cuando fuentes clásicas mencionan a los vascones en la zona donde actualmente persiste. El nombre del territorio de forma precisa los recoge Paulino de Nola en el siglo IV en latín como Uasconia. Es decir, el nombre del país es, como mínimo, doce siglos más antiguo que la primera constatación escrita del nombre Euskal Herria.
  2. Es cierto, como muchos objetáis, que se trata de un nombre acuñado por gente exógena al país. Pero también lo es que los romanos, como era su costumbre, denominaban a los territorios con el apelativo étnico que autonombraban ellos mismos, así a los baskos los llamaban «uascones».
  3. En la Antigüedad era habitual denominar a la gente por su idioma. Resulta lógico, por tanto, que el ámbito geográfico de quienes hablaban la lengua baska se denominara Baskonia, del mismo modo que a los francos se les asoció con Francia o a los galos con la Galia.
  4. El testimonio en griego de Estrabón recoge el etnónimo como Ούασκώνων (que trasladado al alfabeto actual sonaría aproximadamente Uaskónon). Es la forma que menos ha mutado con el paso de los siglos si se compara con la evolución posterior del término en las distintas lenguas, principalmente del latín.
  5. La sílaba inicial del denominativo étnico, sin embargo, sí ha variado según la lengua: en basko se ha fijado como -eus, en latín como -uas, en castellano como -vas, en árabe como -bas, en gascón como -gas y en francés, alemán o inglés como -bas. En basko se añadió una -e a la -u inicial para reforzar la sílaba, dando lugar a -eus; pero conviene no olvidar que también se ha documentado como -Heus, -enus, -us, -uus, -uuas (was) o -es, según la época y el autor. En prácticamente todas las lenguas se ha terminado imponiendo la forma fuerte -bas, excepto en basko que se ha optado por reforzarlo con-e quedando .eus; en castellano se escribe con la forma débil -vas, aunque se pronuncia con la fuerte -bas.
  6. Todavía en el siglo XI, el célebre Mapa de Saint-Sever recoge el territorio como Uuasconia, lo que demuestra que el término se mantuvo estable durante más de setecientos años, desde su primera constatación clásica hasta la Baja Edad Media.
  7. En el siglo VII, el llamado Cosmógrafo de Rávena ya habla de «Vasconum patria», la patria de los vascones, y la propia organización política altomedieval del territorio se conoce como Ducado de Baskonia, germen posterior del Reino de Pamplona-Nabarra en el siglo IX. Es decir, Baskonia no fue solo un nombre geográfico dado por otros, sino también el nombre de una entidad política propia durante siglos, independientemente que se refiriera con exactitud al ámbito geográfico actual.
  8. Frente a esto, Euskal Herria es un concepto notablemente más tardío. Su primera aparición documentada en la literatura vasca se encuentra en el manuscrito alavés de Juan Pérez de Lazarraga, fechado entre 1564 y 1567, bajo la forma «eusquel erria». Poco después, en 1571, Joanes Leizarraga emplea «heuscal herrian» en su traducción del Nuevo Testamento al euskera.
  9. Los especialistas coinciden en que el término Euskal Herria no es mucho anterior al siglo XVI, sin que exista ningún rastro documental que demuestre lo contrario. Hay quien opina que pudo emplearse oralmente antes, lo cual es plausible, pero de momento no hay manera de confirmarlo, mientras que la existencia de Baskonia sí está atestiguada por escrito desde la Antigüedad.
  10. Antes de la generalización de Euskal Herria, la pertenencia a la comunidad baska se expresaba habitualmente en función del idioma que se hablaba, no del territorio: así, en documentos medievales aparecen apelativos como «erdalduna» para quien no sabía euskera, mientras que quien no lo hablaba se presentaba simplemente como vizcaíno o vascongado.
  11. Con esta lógica, Euskal Herria podría entenderse, con propiedad, como «la tierra de los que hablan euskara», un concepto esencialmente lingüístico y geográfico, distinto del concepto político o territorial que hoy se le quiere atribuir cuando se equipara sin más a Baskonia, al País Vasco o a Nabarra.
  12. Como referencia comparable, la palabra Engla land (tierra de los ingleses) ya aparece en el siglo XI, pero con un uso meramente geográfico, del mismo modo que Euskal Herria (tierra de baskos) nació para describir dónde se hablaba una lengua, no para designar una entidad político-institucional.
  13. En época moderna, Baskonia se dividía tradicionalmente en tres grandes zonas: Baskonia Norte (Pays Basque), Nabarra y Bizkaia en sentido amplio (lo que hoy es la Comunidad Autónoma Vasca).
  14. País Vasco es, en realidad, un galicismo: la traducción de Pays Basque, expresión que comenzó a emplearse en Baskonia Norte a partir del siglo XVI, cuando Francia empezó a organizar y nombrar sus distintos territorios como «pays». La voz «país vasco», ya en minúscula y en castellano, la recoge por primera vez el historiador Joaquín Traggia a comienzos del siglo XIX, refiriéndose a Baskonia Hegoa (la Baskonia peninsular).
  15. La propia palabra «basko» se fue imponiendo con el tiempo sobre «vascongado» precisamente porque no implicaba necesariamente el conocimiento del euskera, mientras que hoy, incluso en castellano, se ha extendido el uso de «euskera» para llamar a lo baskongado, cuando en la mayoría de las lenguas europeas la lengua se sigue llamando basko o vasco (Basque, baskisch, basque…), reservando el propio término euskera casi en exclusiva al castellano.

Por qué Baskonia es el nombre más coherente

Todo lo anterior nos lleva a una conclusión que considero difícil de rebatir: hoy Euskal Herria debería reservarse, con propiedad, para nombrar a la comunidad de quienes hablan o comparten la lengua baska, un concepto cultural y lingüístico legítimo pero distinto del País Vasco, de Nabarra o del Pays Basque francés, que responden a realidades político-administrativas diferentes entre sí. El nombre que sí ha designado de forma estable, durante al menos diecisiete siglos, el conjunto del territorio que habitaban y habitan los baskos es Baskonia (Vasconia en su forma latina, con esa V inicial que en latín antiguo se confundía gráficamente con la U).

Frente a un nombre reciente, de origen incierto anterior al siglo XVI y de sentido primordialmente lingüístico, tenemos un nombre documentado desde la Antigüedad clásica, empleado tanto por fuentes externas como por las propias instituciones políticas baskas de la Alta Edad Media, y estable durante siglos en mapas y crónicas de toda Europa. Un nombre, además, que admite variantes fonéticas razonables (Uaskonia, Vasconia, Waskonia) sin perder su identidad, algo que Euskal Herria no puede ofrecer del mismo modo en otros idiomas, donde se acaba sustituyendo por completo por Basque Country, Pays Basque o Baskenland.

Por todo ello, si de verdad queremos un nombre que nos represente con coherencia en todas las lenguas, que tenga hondura histórica y que no dependa de traducciones dispares según el idioma en que se pronuncie, ese nombre es Baskonia, adecuando la forma inicial de Uasconia al sonido inicial más extendido. Un nombre que no compite con Euskal Herria, sino que lo engloba: Euskal Herria seguiría siendo, con toda legitimidad, el país del euskara; Baskonia sería el país de los baskos, hablen o no la lengua, tal y como ha sido reconocido, con notable estabilidad, durante al menos veintitrés siglos.

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